El ángel prometido

Este es el primer capítulo de una novela que una amiga y yo teníamos planeado escribir, pero por una u otra cosa no se pudo concretar. La escribí junto con ella en el 2016 y sigo teniendo los “bocetos” de esta historia como recuerdo, podría editarlo para que tuviera un poco más de coherencia en algunas partes, pero me gusta como está, ya que me muestra lo que podía escribir en aquellos años;  es como verme a través de mis escritos y saber cómo pensaba en ese entonces, así que bueno, dejo esto por aquí.

photo of gray concrete road in the middle of jungle during daylight
Photo by Kaique Rocha on Pexels.com

Capítulo 1

Reacciono ante las sirenas de las ambulancias que se oyen muy cerca, preguntándome de donde y a qué vienen. Apenas alcanzo a abrir mis ojos unos cuantos milímetros para encontrarme con un cielo negro. 
Después de un tiempo, que calculo fueron algunos minutos, me acostumbro a la poca luz existente. Intento mover un poco mis débiles ojos para toparme con mi alrededor. La luna en el cenit mostrando su brillo intenso reflejo del sol, a sus lados unas estrellas que titilaban débilmente, un punto rojo que imagino es Marte y a mi lado el pasto seco que pica en todo lo que siento de mi cuerpo.
Siento un frío que recorre mi espalda, pensando en que todo esto es tan real como para estar soñando. 
Cuando mi mente empieza a asimilar la noticia de que esto fue un accidente, recuperando retazos de información de mi memoria a corto plazo, lo único que encuentro es a mi saliendo, o más bien, volando fuera del auto tras esquivar una camioneta y rodar por un barranco.
Recuerdo estar en la carretera conduciendo de regreso de unas vacaciones con mis padres, mi última comida siendo soltero. Estaba comprometido con una chica que mis padres adoraban y que yo mismo amaba… Ni siquiera sé, que va a ser de mi. ¿Podré volver a verla?
¿Y mis padres? Sólo espero que se encuentren mejor que yo. 
Intento mover los dedos de mis pies, no obtengo nada de mi pierna derecha.
¿Es que acaso debo rendirme de una vez?
¡QUIERO UNA SEÑAL! ¿¡ES QUE ACASO MI VIDA ACABA AQUÍ!?
De repente toda mi rabia por acabar de ésta manera se convierte en energía que me hace querer levantarme de aquí y seguir viviendo. 
Muevo lentamente mis brazos para poder apoyarme en los codos, noto una lesión en mi brazo izquierdo pero no le tomo importancia, de repente un movimiento en falso me hace sentir un dolor punzante en la zona de mi abdomen que me regresa de golpe al suelo, impidiendo que salga de este limbo infernal.
De vuelta a mi lugar inicial, trato de tomar con calma las cosas y cerrar los ojos para recordar un lugar pacífico como ultimo deseo en esta vida, pero al parecer el destino no lo quiere así, pues mi nariz se destapa como si de gripe se tratase y súbitamente comienzan a llegar los olores de mi entorno. El aroma penetrante de la sangre me noquea y me hace querer recordar las deliciosas galletas que mi madre preparaba para mi con un aroma que abría el apetito, o el olor que tanto me gustaba del cabello de Alison gracias al shampoo que siempre usaba y con el que algún día hubiera despertado a mi lado… Pero en el presente ninguno de esos olores agradables que me habían rodeado en la vida estaban aquí conmigo. Sólo yo, mis heridas y el terrible olor de la muerte segura.
Contemplo con resignación como se desvanece mi fuerza mientras pierdo la conciencia. Dejo que poco a poco se cierren mis pesados ojos diciendo mis últimas palabras para despedirme de este mundo, deseando que Dios, Buda o quien sea que controle el más allá pueda cuidar bien de mi familia…
—¡Hey!… ¡Creo que hay algo por allá! ¡RÁPIDO! ¡Traigan herramientas, una camilla! ¡RAPIDO! —un paramédico viene corriendo hacia mi, oigo crujir el pasto bajo sus pies. —¡SE ESTÁ DESANGRANDO!… Quédate con nosotros. —escucho más pasos acercándose. —Tiene un vidrio incrustado en su abdomen. Pulso débil. Tenemos que sacarlo de aquí con cuidado y de inmediato… Te vamos a sacar de aquí, igual que a tu familia. No te preocupes.
—To… To… —¿Todavía tengo una oportunidad de volver a ver a mi familia?
Tenía ganas de preguntarle eso al paramédico que me salvó, pero mi garganta no quería preguntar y mi mente no podía ilusionarse en un momento como este, así que dejé pasar el momento.
—¿Te llamas Theo? ¿Theo Reaken? —preguntó el paramédico mientras veía los datos de mi cartera. Cerré mis ojos débilmente en señal de asentimiento.
Me subieron a la ambulancia, me pusieron una máscara de oxígeno e inesperadamente todo se volvió negro y me sentía distante de lo que estaba pasando allí.

(…) 

3:35 a.m. Hospital General de Atlanta, Georgia.

—¿Ya avisaron al Quirófano 1 que vamos en camino? 
—Ya están enterados Dra. López.
Los doctores y enfermeras suben al paciente en camilla por el elevador hasta el quirófano 1, al llegar ahí ven que ya está todo preparado para la cirugía.
—¿Nombre del paciente?
—Adam Reaken
—¡Prepárenlo! —informa el Doctor Randall.
El Doctor Randall ya vestido para la cirugía, comenzó a suturar al paciente que no parecía tan herido.
—¿Que no es acaso el abogado Adam Reaken, que nunca pierde un caso? —preguntó un enfermero.
—Sea quien sea, tenemos que salvarlo. —respondió el Doctor.
—Me pregunto qué habrá pasado. —volvió a hablar el enfermero.
—Si me dejas hacer mi trabajo, podrás preguntarle tú mismo cuando despierte. Ahora, pásame las tijeras… Bien, terminamos. Llévenlo afuera y súbanlo a su habitación. Cuando despierte quiero que lo manden directo al baño. —decía el Doctor mientras se desprendía de sus guantes.

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